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27 de febrero de 2013

Antes mas valia presumir que sufrir...


fuente: http://www.nacion.com/2012-03-18/RevistaDominical/-Martires-de-la-moda-.aspx


Con tal de lograr la decoloración de su cabellera, algunas mujeres se aplicaban en la cabeza jabón para lavar trastos. Sobra decir que aquello era un peligro inminente; sin embargo, el riesgo parecía no ser tan grande como la satisfacción de parecerse, aunque fuera un poco, a la aclamada Jean Harlow.

En la década de 1920, la actriz puso de moda el color amarillo-blanquecino en las cabelleras de muchas imitadoras. No eran pocos los casos en los que la cabellera se caía por completo gracias a la aplicación de aquella mezcla casera que incluía potasa, acetileno y peróxido.
“Harlow dio inicio a una tendencia que culminó 30 años después con Marilyn Monroe. Para imitar a estas irrealistas hadas rubias, las mujeres sacrificaban la calidad de su pelo, quemándolo con drásticas decoloraciones, y sufrían el martirio de depilarse por completo las cejas”, revela el libro La belleza del siglo: Cánones femeninos del siglo XX.





El caso anterior le da sustento a una frase de Helena Rubinstein: “La belleza es un sacrificio”.
Sin secadoras manuales, planchas ni tenazas de pelo, años atrás las mujeres debían poner a prueba su imaginación y creatividad para tener el cabello rizado como Shirley Temple. La ausencia de métodos estéticos como la liposucción o los tratamientos láser, las obligaba a ingeniárselas para lucir cinturas de avispa o la piel incomparablemente tersa. A veces, lo que había que hacer para lograrlo implicaba dolor, molestias y riesgos... pero, ¿quién dijo que eso las frenaba?
No obstante, los bucles y rizos se veían por doquier. A veces, aparecían de la noche a la mañana –literalmente–; otras, se lograban al cabo de algunas horas. El ‘boca a boca’ y las revistas de moda daban a las mujeres valiosos trucos, como el tan popular consejo de dormir (si es que lo lograban) con rulos. Había quienes, con tal de lucir sus colochos después, salían de sus casas con todo el “instrumental” en la cabeza, al mejor estilo de doña Florinda, en El Chavo del Ocho. A falta de rulos “oficiales”, estaban los rollos de papel higiénico u otros similares de madera, menos incómodos por cierto.

Quienes quisieran ondularse el pelo al estilo finger waves a menudo utilizaban grandes clavos de ferretería o algún otro metal de forma cilíndrica. Los ponían sobre el fuego de la estufa y, una vez que estuvieran bien calientes, los envolvían en tiras de pelo.
También era común el proceso inverso, es decir, el de “plancharse” la cabellera para exhibir ese “lacio” que la naturaleza no les dio. Lo de “plancharse” no era un decir, sino un término utilizado al pie de la letra. Lo que hoy se logra con implementos especiales para ese fin, empezó haciéndose con una verdadera plancha de ropa; claro, siempre que el cabello tuviera el largo suficiente para poder extenderse sobre una superficie.
Esa plancha era buena para “quebrar” el pelo, pero ni esto desestimulaba a las muchas seguidoras de aquel truco.
Bueno, también existía la opción de vegetar bajo grandes y bulliciosas máquinas secadoras. Los salones de belleza ofrecían ese invento, conocido como “secadora en forma de cebolla”. Cuando se excedía el tiempo bajo aquel casco de calor, el pelo terminaba partiéndose o hasta cayéndose. “Yo recuerdo algunas mujeres que quedaron calvas por eso”, recuerda Milo Junco, vestuarista, maquillador e historiador.

Un ‘liso’ perfecto
La “toga” era otro procedimiento de la época para alisar el pelo. “Se iban enrollando el pelo alrededor de la cabeza hasta llegar al centro, siempre de izquierda a derecha y con un cepillo húmedo. Luego se sujetaba con prensas de gancho para que quedara fijo, se cubrían con una gorra y al día siguiente estaba lindísimo”, recuerda Junco. La propulsora de aquella técnica fue la actriz y símbolo sexual estadounidense Mae West, quien, después de revelar su secreto en la década de los 50, convirtió aquello en moda.
Cuando había prisa para que el cabello secara, el horno de la cocina cumplía esa función. Bastaba con ponerlo a calentar bien, abrir la puerta y sacudir durante varios minutos la cabeza inclinada... Nadie se hacía responsable de los pelos que podían aparecer en el pan a la mañana siguiente.
Pelos inmóviles
En el caso de los hombres, las prácticas caseras para el “embellecimiento capilar” fueron menores. A inicios del siglo pasado, los más vanidosos recurrían a la gomina (precursora del gel) para que su cabello se mantuviera en su sitio. El precursor de esta tendencia fue Ramón Ovaro (actor de la primera película de Ben Hur), aunque el rey de aquel implemento fue Rodolfo Valentino, que llevó esta moda de la pantalla grande al mundo real.
Décadas atrás, el bigote erguido también era todo un símbolo de finura y prestancia. Para levantarlo y darle forma, se untaban cremas a base de cera, y usaban peines y pequeñas tijeras. Otros con menos dinero en el monedero, debían recurrir a esperma de candela. Una minoría más atrevida recurría a auxilios como la miel de abeja. Salvador Dalí, por ejemplo, hizo famoso su bigote con esta dulce solución.
La historiadora de la moda y diseñadora Ángela Hurtado comenta que las tendencias de embellecimiento de los hombres eran menos que las de las mujeres porque ellos se medían por espacio social y no por estándares de belleza; “siempre se esperaba que tuvieran una actividad productiva”.
Dolor y secuelas
Otro invento embellecedor que provocaba grandes peligros era el corsé, popularizado a finales del siglo XIX y reinventado a mediados del XX. Las que exageraban con su uso y dormían con el aparatejo puesto, terminaban apodadas “cuerpo de guitarra”.
Hurtado cuenta que “para obtener la silueta del momento, era casi forzoso utilizar el corsé. Este podía hacer que se atrofiara la musculatura de la espalda pues tendía a debilitarla. Si estaba muy ajustado, los órganos internos se empujaban hacia abajo o hacia arriba, y hasta se dificultaba la respiración”.
Reducir el tamaño de la cintura a punta de presión no era tarea fácil. Las mujeres que se lo ajustaban a diario necesitaban la ayuda de alguien más, ya fuera un familiar o una sirviente. Así, quienes podían usar corsé eran en su mayoría de la clase pudiente.
Años después, la moda más bien obligó a las mujeres curvilíneas a buscar inventos que aplanaran o disimularan sus prominencias. A veces hasta dormían con “implementos aplastantes” puestos.
Pero no solo eso. También abundaron las mujeres que dormían con la piel embadurnada de pepinos majados o mascarillas caseras de huevo o miel de abeja. “Eran buenas para poner furibundos a los maridos”, añade Junco.
El vestuarista recuerda una curiosa salida para conseguir que la nariz se afinara y respingara: una prensa de pelo que presionara la punta. Mas había quienes se iban al extremo y utilizaban prensas de ropa. “Cuando algunas actrices de Hollywood revelaron que lo hacían, se agotaron las prensas en las farmacias. De repente salieron unas especiales, que se llamaban ‘belleza nasal’”, agrega Junco.
Han pasado las décadas, pero no la tendencia a sacrificarse por la belleza. Según el libro Cánones femeninos del siglo XX, en los años 80, aún regía la regla de “maquillarse o morir”, que tanto pesaba sobre muchas mujeres.
Hurtado piensa que la belleza sigue obligando a muchos (y sobre todo a muchas) a sacrificarse, aunque quizá la modernidad le ha traído algunas facilidades a quienes quieren acicalarse.
“Los procesos que vemos anticuados, exagerados y de mucho sacrificio, estaban de acuerdo con la época en la que se hacían. Yo diría que las cosas no se simplifican, solo se adaptan al momento en el que vivimos”.Con tal de lograr la decoloración de su cabellera, algunas mujeres se aplicaban en la cabeza jabón para lavar trastos. Sobra decir que aquello era un peligro inminente; sin embargo, el riesgo parecía no ser tan grande como la satisfacción de parecerse, aunque fuera un poco, a la aclamada Jean Harlow. En la década de 1920, la actriz puso de moda el color amarillo-blanquecino en las cabelleras de muchas imitadoras. No eran pocos los casos en los que la cabellera se caía por completo gracias a la aplicación de aquella mezcla casera que incluía potasa, acetileno y peróxido.
“Harlow dio inicio a una tendencia que culminó 30 años después con Marilyn Monroe. Para imitar a estas irrealistas hadas rubias, las mujeres sacrificaban la calidad de su pelo, quemándolo con drásticas decoloraciones, y sufrían el martirio de depilarse por completo las cejas”, revela el libro La belleza del siglo: Cánones femeninos del siglo XX.
El caso anterior le da sustento a una frase de Helena Rubinstein: “La belleza es un sacrificio”.
Sin secadoras manuales, planchas ni tenazas de pelo, años atrás las mujeres debían poner a prueba su imaginación y creatividad para tener el cabello rizado como Shirley Temple. La ausencia de métodos estéticos como la liposucción o los tratamientos láser, las obligaba a ingeniárselas para lucir cinturas de avispa o la piel incomparablemente tersa. A veces, lo que había que hacer para lograrlo implicaba dolor, molestias y riesgos... pero, ¿quién dijo que eso las frenaba?
No obstante, los bucles y rizos se veían por doquier. A veces, aparecían de la noche a la mañana –literalmente–; otras, se lograban al cabo de algunas horas. El ‘boca a boca’ y las revistas de moda daban a las mujeres valiosos trucos, como el tan popular consejo de dormir (si es que lo lograban) con rulos. Había quienes, con tal de lucir sus colochos después, salían de sus casas con todo el “instrumental” en la cabeza, al mejor estilo de doña Florinda, en El Chavo del Ocho. A falta de rulos “oficiales”, estaban los rollos de papel higiénico u otros similares de madera, menos incómodos por cierto.
Quienes quisieran ondularse el pelo al estilo finger waves a menudo utilizaban grandes clavos de ferretería o algún otro metal de forma cilíndrica. Los ponían sobre el fuego de la estufa y, una vez que estuvieran bien calientes, los envolvían en tiras de pelo.
También era común el proceso inverso, es decir, el de “plancharse” la cabellera para exhibir ese “lacio” que la naturaleza no les dio. Lo de “plancharse” no era un decir, sino un término utilizado al pie de la letra. Lo que hoy se logra con implementos especiales para ese fin, empezó haciéndose con una verdadera plancha de ropa; claro, siempre que el cabello tuviera el largo suficiente para poder extenderse sobre una superficie.
Esa plancha era buena para “quebrar” el pelo, pero ni esto desestimulaba a las muchas seguidoras de aquel truco.
Bueno, también existía la opción de vegetar bajo grandes y bulliciosas máquinas secadoras. Los salones de belleza ofrecían ese invento, conocido como “secadora en forma de cebolla”. Cuando se excedía el tiempo bajo aquel casco de calor, el pelo terminaba partiéndose o hasta cayéndose. “Yo recuerdo algunas mujeres que quedaron calvas por eso”, recuerda Milo Junco, vestuarista, maquillador e historiador.
Un ‘liso’ perfecto
La “toga” era otro procedimiento de la época para alisar el pelo. “Se iban enrollando el pelo alrededor de la cabeza hasta llegar al centro, siempre de izquierda a derecha y con un cepillo húmedo. Luego se sujetaba con prensas de gancho para que quedara fijo, se cubrían con una gorra y al día siguiente estaba lindísimo”, recuerda Junco. La propulsora de aquella técnica fue la actriz y símbolo sexual estadounidense Mae West, quien, después de revelar su secreto en la década de los 50, convirtió aquello en moda.





Cuando había prisa para que el cabello secara, el horno de la cocina cumplía esa función. Bastaba con ponerlo a calentar bien, abrir la puerta y sacudir durante varios minutos la cabeza inclinada... Nadie se hacía responsable de los pelos que podían aparecer en el pan a la mañana siguiente.

Pelos inmóviles
En el caso de los hombres, las prácticas caseras para el “embellecimiento capilar” fueron menores. A inicios del siglo pasado, los más vanidosos recurrían a la gomina (precursora del gel) para que su cabello se mantuviera en su sitio. El precursor de esta tendencia fue Ramón Ovaro (actor de la primera película de Ben Hur), aunque el rey de aquel implemento fue Rodolfo Valentino, que llevó esta moda de la pantalla grande al mundo real.




Décadas atrás, el bigote erguido también era todo un símbolo de finura y prestancia. Para levantarlo y darle forma, se untaban cremas a base de cera, y usaban peines y pequeñas tijeras. Otros con menos dinero en el monedero, debían recurrir a esperma de candela. Una minoría más atrevida recurría a auxilios como la miel de abeja. Salvador Dalí, por ejemplo, hizo famoso su bigote con esta dulce solución.
La historiadora de la moda y diseñadora Ángela Hurtado comenta que las tendencias de embellecimiento de los hombres eran menos que las de las mujeres porque ellos se medían por espacio social y no por estándares de belleza; “siempre se esperaba que tuvieran una actividad productiva”.


Dolor y secuelas
Otro invento embellecedor que provocaba grandes peligros era el corsé, popularizado a finales del siglo XIX y reinventado a mediados del XX. Las que exageraban con su uso y dormían con el aparatejo puesto, terminaban apodadas “cuerpo de guitarra”.
Hurtado cuenta que “para obtener la silueta del momento, era casi forzoso utilizar el corsé. Este podía hacer que se atrofiara la musculatura de la espalda pues tendía a debilitarla. Si estaba muy ajustado, los órganos internos se empujaban hacia abajo o hacia arriba, y hasta se dificultaba la respiración”.
Reducir el tamaño de la cintura a punta de presión no era tarea fácil. Las mujeres que se lo ajustaban a diario necesitaban la ayuda de alguien más, ya fuera un familiar o una sirviente. Así, quienes podían usar corsé eran en su mayoría de la clase pudiente.
Años después, la moda más bien obligó a las mujeres curvilíneas a buscar inventos que aplanaran o disimularan sus prominencias. A veces hasta dormían con “implementos aplastantes” puestos.
Pero no solo eso. También abundaron las mujeres que dormían con la piel embadurnada de pepinos majados o mascarillas caseras de huevo o miel de abeja. “Eran buenas para poner furibundos a los maridos”, añade Junco.
El vestuarista recuerda una curiosa salida para conseguir que la nariz se afinara y respingara: una prensa de pelo que presionara la punta. Mas había quienes se iban al extremo y utilizaban prensas de ropa. “Cuando algunas actrices de Hollywood revelaron que lo hacían, se agotaron las prensas en las farmacias. De repente salieron unas especiales, que se llamaban ‘belleza nasal’”, agrega Junco.
Han pasado las décadas, pero no la tendencia a sacrificarse por la belleza. Según el libro Cánones femeninos del siglo XX, en los años 80, aún regía la regla de “maquillarse o morir”, que tanto pesaba sobre muchas mujeres.
Hurtado piensa que la belleza sigue obligando a muchos (y sobre todo a muchas) a sacrificarse, aunque quizá la modernidad le ha traído algunas facilidades a quienes quieren acicalarse.
Los procesos que vemos anticuados, exagerados y de mucho sacrificio, estaban de acuerdo con la época en la que se hacían. Yo diría que las cosas no se simplifican, solo se adaptan al momento en el que vivimos.
Asi que si algún día se os queja una clienta de lo que cuesta un peine, o lo que se sufre para estar guapa...recordadle estas cosas...

RESINAS DE FORMALDEHÍDO


RESINAS DE FORMALDEHÍDO 


Fuentes de exposición y usos


􀀹􀀃
Pegamento de madera, caucho, cuero y

zapatos

􀀹􀀃
Anclajes

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Pinturas anticorrosivas

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Reparación de firmes

􀀹􀀃
Reparación de fisuras en hormigón

􀀹􀀃
Suelos industriales

􀀹􀀃
Unión de elementos prefabricados

􀀹􀀃
Unión entre hormigones

􀀹􀀃
Bricolage

􀀹􀀃
Encuadernación

􀀹􀀃
Impregnación de papel y tejidos en la

producción de laminados (decorativos,


industria de la construcción, ya que son

impermeables; entarimados)


􀀹􀀃
Aislamiento de paredes. Espuma aislante

􀀹􀀃
Ruedas de coche y teléfonos

􀀹􀀃
Terminaciones del suelo de parqué

􀀹􀀃
Laminados y conglomerados (formica) para

entarimados

􀀹􀀃
Adhesivos en la producción de maronita,

lana mineral y molduras

􀀹􀀃
Colas para madera, piel, goma, objetos

fundidos y objetos de baquelita. Moldes de


objetos de mesa


􀀹􀀃
Fibra de vidrio

􀀹􀀃
Fabricación de lacas de uñas, colas,

adhesivos, pinturas, barnices, rotuladores,


paneles de aislamiento sonido y calor,

caucho y cuero sintético, aislante decables

electricos, papel, frenos, pedales de

embrague,…)


􀀹􀀃
Sellantes

􀀹􀀃
Gafas

􀀹􀀃
Impermeables

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Marcapasos

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Ortopedia

􀀹􀀃
Construcción civil

􀀹􀀃
Construcción militar

􀀹􀀃
Industria del calzado

􀀹􀀃
Industria textil (sustancia antiarruga)

􀀹􀀃
Industria de la fundición

􀀹􀀃
Industria electrica

􀀹􀀃
Industria del automóvil (fabricación del delco

y caja de fusibes)

􀀹􀀃
Industria de semiconductores

􀀹􀀃
Industria del papel (Papel resistente al

agua)

(Tabla 27)


Mecanismo de acción


Las resinas de urea-formaldehído liberan con facilidad formaldehído por lo que la


sensibilización puede ser debida a la resina completa o al formaldehído. La eliminación de

formaldehído libre puede producirse durante años por un mecanismo de hidrólisis.


Efectos sobre la salud

Aunque en un comienzo la causa principal de dermatitis por resina formaldehído


era laboral, hoy en día debido a la automatización, y las medidas de prevención, son

escasas las sensibilizaciones profesionales. Las reacciones pueden ser de tipo irritativo,

reacciones alérgicas de tipo inmediato o más frecuentemente de tipo retardado. Algunas

resinas pueden producir despigmentación. Se desconoce el mecanismo por el cual se

produce despigmentación aunque puede deberse a la semejanza entre el fenol
parasustituido y el aminoácido tirosina para-sustituido. Algunos autores sugieren que

trabajadores expuestos a humo de resinas fenol-formaldehído durante más de 5 años,

pueden presentar alteraciones respiratorias crónicas.

24 de febrero de 2013

EL LENGUAJE EN LA MODA


EL LENGUAJE EN LA MODA



A lo largo del año se celebran diversos encuentros de moda y, al informar sobre ellos, se emplean extranjerismos que muchas veces tienen un equivalente en español. Entre ellos, cabe destacar los siguientes:
1. catwalk: pasarela, desfile de moda
2. coolhunter: cazatendencias o buscatendencias
3. fashion o trendy: de última moda, de moda, lo último
4. fitting: prueba previa al desfile
5. front row: primera fila
6. look: imagen, estilo, aire
7. monogram: monograma
8. must have: (prendas, accesorios…) imprescindibles
9. shooting: sesión fotográfica
10. showroom: salón de exposición
11. sitting: acto de sentar a los asistentes
12. sport wear: moda deportiva, informal
13. top models: supermodelos
14. total look: conjuntado (ya sea referido a color, estilo, época…)


Aunque se recomienda que se eviten los extranjerismos siempre que tengan equivalentes en español, hay términos relacionados también con el mundo de la moda que se han asentado en nuestra lengua, como vintage (ropa de [o inspirada en] hace más de veinte años), prêt-à-porter (ropa hecha en serie), atelier (taller de creación de moda), outlet (tienda de ropa descatalogada), o casual (informal, referido a ropa, calzado o complementos), que al escribirse deben ir en cursiva (o entrecomillados si no puede emplearse la cursiva).

17 de febrero de 2013

DIAMOND COLOR AGE, DESDE EL 2008


1.      Belleza sin límite de edad

Activas, felices, queridas e independientes, así son las nuevas generaciones de mujeres.

Las mujeres de 50 años actuales han cambiado considerablemente en relación a las de las generaciones anteriores. Hoy, está llegando a los 50 años, una nueva generación de mujeres económicamente independientes y activas tanto laboral como socialmente, sin demasiadas responsabilidades familiares, con poder adquisitivo y con ganas de pensar por fin en ellas mismas. Son mujeres que han roto con los tópicos y reivindican la madurez como el periodo más satisfactorio de sus vidas. Luchadoras, activas, optimistas y positivas, algo que no les impide ocuparse de sus hijos y nietos, una tarea que consideran muy gratificante.

Los principales motivos para sentirse bien incluyen la estabilidad económica y profesional y el hecho de verse aún jóvenes y atractivas. El comer apropiadamente, hacer ejercicio y tener pasión por la vida, sumado al cuidado del cuerpo, el alma y el espíritu.
2.      Las etapas de la edad

El envejecimiento es un proceso evolutivo que se acelera a partir de los 40 años. Como consecuencia del paso del tiempo, van apareciendo modificaciones morfológicas y fisiológicas, son alteraciones degenerativas que afectan a cada persona de forma desigual y que se reflejan en la piel y en el cabello.

En la piel:

«   Finas líneas y arrugas.

«   Flacidez.

«   Deshidratación y una incómoda sensación de tirantez sobre la piel.

«   Manchas.

«   Piel cetrina, tono apagado, falta de luminosidad.

En el cabello:

«   Pérdida de elasticidad, densidad.

«   Disminuye la intensidad de su color.

«   Variaciones de textura, el cabello es más fino, menos suave.

«   Aparición de canas.

«   El cuero cabelludo se hace más visible.


Etapas:




15 - 20 años
La adolescencia
Período conflictivo para el cabello y la piel, durante la adolescencia, se sientan las bases de belleza futura. Las células se recuperan fácilmente de los excesos, maltratos y descuidos.
En el cabello, aumenta la segregación sebácea y en algunas ocasiones aparece caspa (pitiriasis).

20 – 30 años
Edad de la esplendor
Piel y cabello están en todo su esplendor, se suele buscar la naturalidad y frescura. La clave para mantener un aspecto sano y un cabello brillante radica en cuidarse con rituales diarios sencillos.
El cabello está en su mejor estado: sano, flexible y resistente.
30 – 40 años
Edad de la plenitud
El estado físico está en un estado óptimo, es el momento de la vida en el que la mujer quiere ser muy activa. A los 30, empiezan a manifestarse los primeros signos del envejecimiento natural.
El cabello todavía muestra esplendor, pero las primeras canas empiezan a aparecer (en sienes). Suelen ser canas más duras y por consecuencia, más difíciles de teñir.
40 – 50 años
Edad de la armonía
A esta edad, empiezan a aparecer las secuelas de las locuras que se hicieron con 20 años (noches sin dormir, días bajo el sol…etc.). Además, surgen los desequilibrios, el organismo ya no es capaz de reparar a la misma velocidad, acumulándose los daños en las células y tejidos. La gravedad hace acto de presencia y algunos puntos del rostro decaen.
Empiezan a ocurrir alteraciones del tallo capilar,  el cabello tiene un tacto seco, áspero y falto de brillo.

 
50 – 60 años
Edad de la madurez
Las líneas de expresión se convierten en arrugas y los contornos del rostro se desdibujan. Las arrugas se marcan más profundamente, sobre todo en la frente y las comisuras de los labios.
El cabello cada vez es más blanco, más fino y menos denso.
60 o más años
Edad de la sabiduría
A partir de los 60 años,  la deshidratación se acentúa, la piel se vuelve más delgada; la renovación celular es cada vez más lenta.
La piel del cuero cabelludo se vuelve más reactiva frente a las agresiones externas, el cabello se vuelve más fino y el cuero cabelludo se hace más visible.

3.      Causas del envejecimiento capilar


El envejecimiento capilar es un proceso lento y progresivo que se acelera a partir de los 40 años.  Con la edad, el pelo encanece, pierde brillo, es más fino, en última instancia, se pierde.

Pero ¿nos hemos preguntado alguna vez por qué ocurre este proceso? ¿Cuáles son las causas reales que afectan al desarrollo del cabello?

Como en el caso del envejecimiento del resto del organismo, las causas que provocan este proceso son múltiples y de distinto origen. Podemos dividir estas causas, según su origen en dos tipos fundamentales:


3.1.     Causas internas.

Como sabemos el pelo es una parte de nuestro cuerpo que se haya en constante crecimiento y renovación. La cantidad y la calidad de nuestro cabello dependen de que la actividad celular sea elevada. Con la edad, el folículo piloso va perdiendo actividad y los procesos bioquímicos para formar el pelo se vuelven más lentos. Básicamente hay dos procesos fundamentales que diminuyen:

- la velocidad de división celular: se forman menos células y el cabello crece más lentamente.

- la energía celular: las células sintetizan menos proteínas, principalmente queratina y melanina, por lo que el cabello se vuelve más fino, rugoso y con canas

Este proceso se debe al paso del tiempo, pero también se ve influido por cambios hormonales, carencias alimentarias, enfermedades, etc.

3.2.     Causas externas.

Aunque los procesos anteriormente mencionados son los principales responsables del envejecimiento capilar,  hay un segundo grupo de causas que también influyen notablemente en este proceso y que son de origen externo. Las causas externas principales del deterioro del cabello son:

 - Efecto de los radicales libres: Los radicales libres son unos compuestos altamente reactivos que atacan a las principales estructuras del organismo provocando un deterioro progresivo. El cuerpo humano tiene mecanismos internos para combatir los radicales libres, pero estos mecanismos protectores van disminuyendo con la edad, por lo que el organismo se vuelve más sensible al ataque de estas “moléculas destructoras”.

      - Agresiones mecánicas: El secador y el cepillado son las agresiones mecánicas más frecuentes que sufre  
        nuestro cabello

Este tipo de causas comprende el efecto nocivo de las radiaciones solares, la polución, las agresiones químicas, el cepillado, etc.



4.      Signos del envejecimiento capilar

               

4.1.     Desaparición del color y canas.

La intensidad del color del cabello depende de la presencia de melanina, un pigmento de color oscuro producido por células especificas situadas bajo la epidermis, denominadas melanocitos. Así, las personas de piel, ojos y cabello oscuro producen este pigmento natural en mayor cantidad que las de piel blanca, ojos azules y pelo rubio. La capacidad de producir melanina viene determinada genéticamente. Esta es la causa de que a unas personas les aparezcan canas antes que a otras, hecho que puede ir ligado a alteraciones hormonales provocadas por determinados estados emocionales. Sin embargo, es el proceso de envejecimiento el principal causante de la decoloración del cabello, ya que con la edad los melanocitos pierden la capacidad de seguir produciendo melanina.

 Hay dos tipos de canas, según la edad en que aparecen:

-          Cana dura: Los melanocitos dejan de producir melanina, pero la energía celular es grande y se forman pelos en los cuales la densidad de queratina es elevada, por lo que son densos, brillantes y difíciles de teñir.

-          Cana normal: En estos casos, la vitalidad celular es baja. No hay melanina, pero también hay menos síntesis de queratina, por lo que las canas son menos densas y sin brillo.

El síntoma de envejecimiento que más suele preocupar es la aparición de las primeras canas. Estas comienzan en la década de los 30, aunque esta edad varía ampliamente según las personas. Las canas empiezan a manifestarse generalmente en las sienes y se extienden hacia la parte superior del cuero cabelludo.  El cabello se vuelve cada  vez más claro y finalmente blanco.

4.2.     Cambios de textura

 La fibra capilar debe su textura, brillo y suavidad a la cutícula, que está formada por varias capas de escamas transparentes de queratina, fuertemente unidas.

Debido a la disminución del metabolismo, las diferentes capas de escamas que forman la cutícula disminuyen, son más delgadas y están menos cohesionadas. En consecuencia, las distintas agresiones externas constantes que recibe el cabello, atacan a estas cutículas envejecidas con mayor facilidad, produciendo una clara disminución del brillo y la suavidad del cabello. El cabello va adquiriendo cada vez un tacto más seco, áspero y falto de brillo.


4.3.     Pérdida de espesor o densidad del cabello

La fibra capilar debe su cuerpo, resistencia y elasticidad al córtex. El córtex está formado por fibras de queratina, dispuestas en fibrillas y microfibrillas.


La disminución de la división celular y la pérdida de energía de la célula hacen que se forme menos queratina, lo que se traduce en una pérdida de densidad capilar.  El cabello se vuelve más fino y  pierde  flexibilidad y resistencia con la edad. 

5.      Coloración permanente:


5.1.     ¿Qué es la coloración permanente?

La coloración permanente modifica el pigmento natural del cabello. Contiene amoniaco y agentes oxidantes. Esta coloración penetra directamente en la fibra capilar y provoca una reacción de oxidación que modifica definitivamente el pigmento del cabello. Se aplica sobre un cabello natural, teñido o decolorado. 

5.2.     Los precursores del color:

          5.2.1.  Los colorantes de oxidación

El tinte permanente incorpora precusrsores del color, compuestos intermedios de tamaño molecular pequeño, que son capaces de atravesar la cutícula, aumentar de tamaño molecular (gracias al H2O2)y convertirse en colorantes dentro de la fibra capilar. De esta forma, quedan retenidos en el cortex. 

Para facilitar la penetración de los colorantes hacía el cortex, es necesaria la acción de una sustancia alcalina como es el amoníaco. Este abre las “escamas” de la cutícula, permitiendo de este modo el paso de los colorantes hacía el cortex.

5.2.2.  Potenciador de basicidad

El tinte permanente contiene un nivel de amoníaco imprescindible para su acción. La presencia de amoníaco en la fórmula asegura un nivel de pH necesario para abrir la cutícula y favorecer la entrada de los precursores del color hasta el cortex. De la misma forma, el amoníaco favorece la liberación rápida e intensa de oxígeno reduciendo el tiempo de exposición.

5.3.     Los oxidantes


La oxidación es un proceso químico que tiene lugar en el momento de la mezcla entre el tinte y el oxidante.

 El oxigeno liberado cumple dos funciones:

          Reaccionar en contacto con la melanina (pigmentos naturales del cabello) oxidándola y  aclarando el color natural del cabello.

          Provocar la polimerización de los precursores del color (colorantes de oxidación) transformándolos en colorantes activos (moléculas más grandes y coloreadas, que ya no son capaces de atravesar la cutícula y, por tanto, quedan permanentemente en el cortex).

¿Qué es la polimerización?

Reacción química en la que dos o más moléculas se combinan para formar otra en la que se repiten unidades estructurales de las primitivas y su misma composición porcentual cuando estas son iguales.

 
6.      Diamond color age

6.1.     ¿Qué es Diamond color age?

Diamond color age es la primera coloración permanente absoluta anti-edad de LENDAN (aparece en el año 2008). Su tecnología doble eficacia con prodensilift revela la belleza original del cabello, prolongando su juventud.

 6.2.     La mujer Diamond color age

 La mujer Diamond color age, es una mujer que desea ser eternamente joven y a través del servicio coloración  profesional quiere revelar su verdadera personalidad, dar una imagen acorde con su espíritu.  Es una mujer madura, a partir de 40 años, que además de una coloración, desea cuidar y tratar los signos de la edad en su cabello. Presenta un alto porcentaje de canas (superior a 40%) y/o un cabello fino, desvitalizado, poco fuerte, sin brillo.

 Sus objetivos a la hora de acudir al salón de peluquería serán por un lado, cubrir perfectamente sus canas con una coloración permanente que le ofrezca un resultado con reflejos intensos y brillantes y a la vez, recuperar un aspecto joven y sano con un cabello denso, redensificado y con volumen.

 6.3.     Beneficios de Diamond color age 


·          Cobertura perfecta con reflejos absolutos.

Diamond color age asegura un 100% de cobertura de canas sin necesidad de combinar con otros tonos.

·          Acción redensificante con efecto lifting.

Gracias a su tecnología con prodensilift, Diamond color age reconstruye la fibra capilar, aportando más densidad, proporcionando cuerpo, textura y brillo a los cabellos desvitalizados por el paso del tiempo.

La coloración Diamond color age sigue la filosofía de Lendan en aportar el máximo cuidado a  la fibra capilar durante el proceso de coloración y contiene en sus fórmulas un nivel mucho más bajo de amoniaco que en un tinte clásico. Cada tono de Diamond color age tiene un porcentaje mínimo de amoniaco comprendido entre un 0,4% a 0,6% (en mezcla final), cantidad de amoniaco necesaria para desempeñar la función por el cual fue formulado. y mínima porque la permitida en estos momentos es de 2%.




En Lendan existe un tinte antiage, no voy a decirte que este tinte va a hacer de ti una mujer mas joven, porque no es cierto, un tinte no puede rejuvenecer tu cuerpo, o tu piel. Sin embargo si puede aportarle a tu cabello envejecido, un plus de juventud, con una cobertura perfecta de las canas, mucho brillo y una redensificación importante de tu cabello. A la vez que intensifica el color y reflejo de tu cabello, en solo media hora de tu tiempo.

Este tinte se llama DIAMOND, y si tienes mas de un 

70% de cabello blancos, ¡este es tu tinte!

Pregunta en tu peluquería por DIAMOND, y disfruta de de un nuevo color. notarás un cabello visiblemente mas grueso, porque con su tecnologia Redensitif, le aporta al cabello un plus de fortaleza y volumen. Que dura durante las semanas siguientes, y que al ir maquillando tus canas con él, durara cada vez mas tiempo. Y podrás volver a llevar esos peinados vaporosos y ligeros que tanto te gustan.